El primer trago de cerveza
¡en cambio, el primer trago! ¿trago? empieza mucho antes de la garganta. En los labios aflora ya es oro burbujeante, frescor amplificador por la espuma, y levemente en el paladar un placer tamizado de amargor. ¡Que largo parece este primer trago! Se bebe de un tiron, con avidez falsamente instintiva. En realidad todo esta escrito: la cantidad, es ni poco ni mucho que constituye el unico ideal; el bienestar inmediato rematado por un suspiro, un chasquido de lengua, o, tan importante como estos, un silencio; la egañosa sensacion de un goce que se abre al infinito... Al mismo tiempo, somos conscientes de que lo mejor ha pasado. Posamos el vaso, e incluso lo alejamos un poco, formando un bloque con el cuadradito de carton secante. Saboreamos el color; falsa miel, sol frio. Siguiendo todo un ritual de sabiduria y espera, nos gustaria gobernar el milagro que acaba de producirse y de desvanecerse a un tiempo. En la pared del vaso leemos con satisfaccion el nombre concreto de la verveza que habiams pedido. Concreto de la verveza que habiamos pedido. Continente y contenido pueden interrogarse, contestarse en un dialogo espectacular que no tarde en iterrumpirse. Nos gustaria conservar el secreto del oro puro, y encerrarlo en formulas. Pero antes esa mesita blanca salpicada de sol, el decepcionado alquimista tan solo salva las apariencias, y bebe cada ves mas cerveza disfrutando cada ves menso. Es un placer amargo: bebemos para olvidar el primer trago.


