jueves, enero 18, 2007



El primer trago de cerveza


Es el unico que vale la pena. Los siguientes cada ves mas largos, mas anodinos, solo te dejan una sensacion de pastosidad tibia, te abundancia despifarradora. Tal vez en el ultimo resurge, como la desilucion de terminar, una apariencia de nervio...

¡en cambio, el primer trago! ¿trago? empieza mucho antes de la garganta. En los labios aflora ya es oro burbujeante, frescor amplificador por la espuma, y levemente en el paladar un placer tamizado de amargor. ¡Que largo parece este primer trago! Se bebe de un tiron, con avidez falsamente instintiva. En realidad todo esta escrito: la cantidad, es ni poco ni mucho que constituye el unico ideal; el bienestar inmediato rematado por un suspiro, un chasquido de lengua, o, tan importante como estos, un silencio; la egañosa sensacion de un goce que se abre al infinito... Al mismo tiempo, somos conscientes de que lo mejor ha pasado. Posamos el vaso, e incluso lo alejamos un poco, formando un bloque con el cuadradito de carton secante. Saboreamos el color; falsa miel, sol frio. Siguiendo todo un ritual de sabiduria y espera, nos gustaria gobernar el milagro que acaba de producirse y de desvanecerse a un tiempo. En la pared del vaso leemos con satisfaccion el nombre concreto de la verveza que habiams pedido. Concreto de la verveza que habiamos pedido. Continente y contenido pueden interrogarse, contestarse en un dialogo espectacular que no tarde en iterrumpirse. Nos gustaria conservar el secreto del oro puro, y encerrarlo en formulas. Pero antes esa mesita blanca salpicada de sol, el decepcionado alquimista tan solo salva las apariencias, y bebe cada ves mas cerveza disfrutando cada ves menso. Es un placer amargo: bebemos para olvidar el primer trago.